
Soy conocida por mi terror a los temblores. Toda mi familia lo sabe y luego de cada sismo me llaman preguntando cómo estoy. Mis amigas también lo saben y más de alguna vez en el colegio me vieron ponerme la mochila al hombro y subir mi silla mientras pasaba el temblor. Soy de las que cuando conoce a alguien nuevo, con quien convivirá a diario, en algún momento suelta un
"oye si se pone a temblar, agárrame, por fa". Porque como acto reflejo, apenas se me mueve el piso salgo corriendo.
Supongo que el pánico a los temblores empezó cuando era chica, una vez que ví a mi tía paterna ponerse a saltar mientras temblaba.
"Si saltas, no se sienten" decía luego de haber hecho el show. Al próximo temblor yo también me puse a saltar. No se sienten tanto, es verdad. Y cuando todo pasaba, me ponía a llorar; me daba pena, no entendía por qué tenía que temblar si a la gente le daba tanto miedo.
No soy católica, ni religiosa en general. No me basta con que me digan "Dios sabe por qué hace las cosas" o frases en ese estilo. Por lo mismo siempre necesitaba que me dijeran por qué pasaban los eventos naturales que "daban miedo". El que siempre me explicaba era mi papá, de manera en que yo pudiera entender. Primero fue con las tormentas eléctricas; las nubes chocan, llueve, la fuerza es tan grande que se hacen relámpagos, truenos, rayos. Luego los temblores; las placas de la tierra liberan energía, es como las nubes, chocan y se mueven. No eran explicaciones científicas ni muy elaboradas, pero a mi me dejaban tranquila. No dejaba de sentir miedo, pero pensaba que era normal.
El viernes 26 de febrero leí que hubo un terremoto en Japón. Mi primera reacción fue pensar
"va a temblar". Estamos relativamente unidos por el pacífico y me pasé el rollo. Le dije a mis compañeros en el trabajo y no me creyeron. "Si tiembla acuérdense de mi" les dije. Luego, antes de quedarme dormida le dije lo mismo mi mamá.
A las 3:34 de la mañana del sábado 27 de febrero desperté desorientada, se movía todo. Mi mamá decía "nada va a pasar" mientras el sonido de los muebles, loza y cuadros era insoportable. Me levanté semi-dormida, el corazón me latía fuerte, estaba en calzones y corrí hacia la puerta del departamento. Mi abuela y mi mamá rezaban, mi tía lloraba, mi prima lloraba y gritaba. Yo no me acuerdo de qué hice, solo tengo pequeñas nociones de que me movía de un lado a otro, no paraba de repetir "papá, papá" en mi mente y miraba a la puerta del departamento de al frente porque no se abría.
Obvio que mis compañeros se acordaron de mi y mi mamá me miraba como si fuera bruja.
Cuando el terremoto empezó a parar, me fui a poner pantalones a pesar de que mi abuela me retaba, pero es que una cosa es pasar susto y la otra perder completamente la dignidad frente a tus vecinos y gente en general paseándote en calzones. Tomé mi bolso, mi celular y corrí hacía la escalera. Vivo en un quinto piso. Mi abuela no paraba de gritar que el edificio se iba a caer. Mis vecinos también gritaban, uno se cayó en el pasillo pero no sólo por el terremoto sino porque estaba rajamente ebrio.
Llegamos al primer piso, era de noche, vi la hora 3:48. Necesitaba agua desesperadamente sino sentía que me moría, pero mi abuela no me dejaba volver al edificio. Empecé a ver qué tenía en mi bolso, encontré un durazno y me sentí en la gloria. Lo mordí y sentí que mi boca al fin tenía saliva, así que también aproveché de tragarme 1/4 de Valpax que andaba trayendo. Luego de eso traté de calmar a mi familia y les dije que nos fuéramos a la ONEMI. Vivo al lado.
Ahí me calmé y me puse a reportear. Si, porque ya que estudio periodismo y me encontraba en la ONEMI, algo había que hacer. Pero todo mal. Supe muy temprano la magnitud e intensidad del terremoto pero no tenía como decirle a nadie. Mi celular no funcionaba y en la ONEMI se había cortado internet. Lo único que pude hacer fue grabar las declaraciones de la presidenta Michelle Bachelet y prestárselas a otros periodistas que iban llegando. No todos reportearon en vivo, porque algunos no tenían luz en el canal. Después de pasar toda la mañana ahí, me fui a la casa.
Y ese fue el terremoto, el primero de mi vida. Pensé que sería mucho peor o quizás ahora que no me pasó nada siento que no fue tan terrible. Al menos no para mi.
Sin luz y sin batería para escuchar radio, las primeras horas no fui consciente de todo lo que pasaba al sur del país. Estaba en la burbuja santiaguina, lejos de tsunamis y derrumbes inmediatos. Cuando me llegó la luz, vino el bajón.
Lo que aprendí:- Nunca más en la vida acostarse en calzones.
- Mantener un bolso con un montón de cosas "inútiles" dentro, como el mio. En casos como el que pasé, me di cuenta que tenía casi todo lo que necesitaba dentro. Hasta una polera nueva que me había comprado el día anterior.
- Mantener siempre agua o conchos de bebida en el bolso.
- Cuando no eres capaz de tranquilizarte por tu cuenta, no ser prejucioso con los medicamentos.
- Cuando pase lo peor, piensa que sobreviviste. Cuando puedas ver televisión, toma consciencia.
- Mantener una radio con pilas. En momentos extremos lo más antiguo no traiciona.